Vibraciones de versos lejanos
danzan en mi ventana.
Mis torpes dedos se mueven
al compás de la guitarra.
Vislumbro una estela añadida,
la caricia de la duda me acompaña.
Grita la palabra hundida,
un nuevo verso brota vida.
Duele el baúl oxidado vacío
Duele el sueño hueco roto
Duele la historia dormida
Duele el verso sin brillo.
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